Destacado

La Marea

La inscripción lapidaria, aquel epitafio promesa envejece en las grietas de mis piedras: “El poema eres tú” fue acaso mi última certeza.  Se...

La Marea


La inscripción lapidaria, aquel epitafio promesa envejece en las grietas de mis piedras: “El poema eres tú” fue acaso mi última certeza. 

Sedientas, las plantas de mi tierra crecen, colman las veredas, trepan sus raíces más allá de las paredes secas. Aún el petricor perfuma las praderas, aún el sol sonroja el rostro cada primavera; me brotan flores que solo la lluvia riega. 

Ha de bastarme la lluvia que todo alimenta. Ha de besarme el viento que todo se lleva. Han de sobrarme los pies en la tierra: que toda huella se borra en la arena…amor, ola de mar, siempre se va, siempre regresa. 




Rumor perpetuo


Del diario de una nueva vida sólo quedaron hojas blancas, vacías como mi vientre; sólo un paso hubo entre la vida y la muerte. 


En la hierba fría, un árbol sin frutos se aferra a una tierra que no le pertenece.

Con raíces sedientas cobija con su sombra, sin embargo, a los sobrevivientes. 


Nada parece haber cambiado;

Es vulnerable a la mismas fuentes de tristeza,

Indefenso ante canciones propias y ajenas,

Impotente ante nuevos silencios;

Le habita el dolor lleno de ausencias. 


Quizás nos rompieron muy temprano,

Quizá cerramos heridas con hilos delgados,  

O acaso el día gris nubla los ojos delirando

Y vemos cementerios en jardines del campo. 


Y es que han pasado tres otoños y mis hojas no cambiaron,

Después de tres inviernos,

Las aves volvieron al árbol 

Y mi viaje se hizo naufragio;

Primavera sin sol,

Mar sin verano...

Perpetuo es el rumor de la muerte de mi padre 

Aguardando su descanso. 


“Te mando señales de humo como fiel apache,

Pero no comprendes el truco y se pierde en el aire”.


Yo cavo otra tumba en el panteón de mi pecho

Y riego sus flores con llanto.

Quién pudiera cerrar sus ojos,

Tomar su mano,

Arrullarlo hasta dormirse y jamás despertarlo...

Cantarle con amor la última canción hermosa de mis labios. 


Hora de la muerte: 9:30

Yo me imagino que matar es esa sobredosis que se escapa de las manos por placer extremo,
O el sexo clandestino que al calor de la pasión vale cualquier precio;
El desenfreno de la ira te ciega y apuñalas y penetras
Una y otra vez el cuerpo de tu propia miseria
Y te bañas en sangre con el último manjar de tu lengua.
Yo me imagino que matar es el orgasmo de lo perverso
Y nuestro sentido más primitivo de la justicia;
Sin autopsia que revele que la muerte es merecida.
Entonces aferrados al placer entre las piernas y el hambre satisfecha,
Se suicidan a las nueve y media dueños absolutos del climax.
Los amantes son bestias que quieren morir invictas.

La escoba tras la puerta


Una noche como ésta, entraría a tu casa con la última llave que me queda. Caminaría tu senda sin huellas en tu encuentro... reposaría la vida tras la muerte al lado de tu cuerpo. Callado como tu recuerdo, quieto como un ladrón, velaría tu sueño, amor. Sin que adviertas mi presencia, he de besar tu frente sin temor de mi tristeza siniestra, tus ojos cerrados como siempre sin verme, sólo porque ahora duermes; creer que no me piensas... sólo porque sueñas. Tocarte sin que supieras-¿Quién pudiera verte sin corromperte?-Tenerte en secreto la noche eterna. ¿Quién pudiera, quién, amarte como yo quisiera? A fuerza de besos en cadenas y verdades que liberan. Quién pudiera respirarte entera y calmar la bestia que me tienta: ¡Podría matarte sabiendo que tus ojos no me miran ni me piensas cuando despiertas! ¡Maldita escoba tras la puerta! Ahorcarte con mis piernas y arrancar con mis dientes tu lengua de sentencias. Se rompen las cadenas, se abren mis esposas; verías el horror de tu sangre en mi boca en un acto de justicia: razón más digna para no escuchar tu voz. ¡Ahogada en mis manos, mirarías al fin el dolor con los mismos ojos de terror con que rogaba yo! Y con tu misma mirada dulce y definitiva también te diría "No". Podría matarte hoy; guardo la llave que dejaste al matarme vos. Aguarda la bestia la caída de la escoba tras la puerta que llaman amor. 





Noche 1

Soy un torbellino de miedos y de aciertos, incertidumbre y optimismo; de secretos, un abismo, nudo en la garganta y esperanza en un destino. Soy puñado de sueños y un ejército de amigos...
Soy el temblor de una madre sin su hijo, logro y sacrificio construyendo un nido. 



Hambriento



"I was free
Until I heard the song you sang me to me
Pulling me away from everything I knew
To be with you".

(Wildflower, Sheryl Crow)



Ahí estás, extraño animal al acecho. 

En un solo encuentro me mostraste tu sangre, 
Me calaste en los huesos con tu verbo. 
Me observas desde lejos; te presiento. 
Ajeno, maldigo lo que llaman respeto:
Estoy hambriento. 
Tienes el veneno del que me alimento. 
Avanzo, retrocedo...
Aunque lo intente, 
No te puedo atrapar. 
Yo, que no creo en la suerte, 
Debo agradecerte que no uses tus poderes para el mal.
Sálvame no más con tu silencio:
¡Comería de tus manos como un perro!


Se llama libertad

Ya empiezo a contar últimos pasos sobre el pasto. Rumbo hacia otra vida, entre dulce y amargo, todo sabe a despedida y a ultimátum. 


Me voy de la tierra donde nací. Los mismos ojos con que te vi, llenos de risa y llanto, más nunca te encontraron por aquí. 
Desde hoy, extraño un lugar que ya no existe y no admito estar  triste; soy extranjero desde que te fuiste de mí. 

Así, con el eco de tu canto, me marcho a diario con la isla a cuestas y el mar entre los párpados. Reparando sueños que rompiste, me voy de las tierras grises donde naciste en abril. Debo pagar el precio más alto por ser libre y por no verte morir.






Perdido

¿Dónde enterrar las cartas del destinatario prohibido?
El secreto castigo del remitente
Huye de frente, escondido
Vuelve traidor, repentino  
¿Cómo se explora el olvido sin escribirlo?

Pacto

Cuando la nostalgia nos devore
Nos diremos adiós.
Por la virtud que abriga las noches,
Cuando la nostalgia agobie, 
En ausencia de reproches
Déjame ir sin vos.
Sea éste el único pacto del amor: 
Si la nostalgia le corrompe,
Un funeral digno de los dos...

Si no hay nostalgia que soportes
Has de darle muerte hoy.

Oficio

Insisto en ver escrito tu nombre en las montañas...
Rocío del ayer,
Certeza de un mañana,
Ansío el sonido de tu palabra:
Insisto en ser el nido de tus alas.