Señor Juez,
En nombre de la razón
Me ha decretado la censura y la ausencia.
Por el poder que le confiere el intelecto,
Es un absurdo que yo le quiera.
Desde su trono autoimpuesto,
A la cordura me sentencia.
Con su licencia poética
Sin letras me impide el vuelo;
Me hunde los pies en la tierra.
Amparado en libertad del pensamiento
Se confina a su solitario imperio
Extinguiendo las llamas de mi incendio;
Todo el calor que le guardo en mi pecho.
Señor Juez, decreto:
Usted se condena a perderme poco a poco.
Señor Juez, ya en serio,
¿Cuál de los dos está más loco?
¿Yo por amor o usted por ciego?
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