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La Marea

La inscripción lapidaria, aquel epitafio promesa envejece en las grietas de mis piedras: “El poema eres tú” fue acaso mi última certeza.  Se...

Te quiero más de lo que he escrito

... Amor,
He concluido
(Aunque no lo logre hoy)
Que a ti te he escrito
Los versos más hermosos,
Los más dolorosos 
Y los más ricos.
Y me pregunté 
Si tuve o lo quise todo contigo 
Y sólo sé 
Que por ti todo lo he sentido.

Hoy hace un año de aquél cumpleaños 
Cuando me dijiste algo tímido 
"Hasta podría decirte que te quiero"...
Hoy puedo insistirte
Que te quiero más de lo que te he dicho 
Y podría aludirse,
Cual lo advertido,
Que perdí la cabeza contigo
Y sin embargo, amor,
He trascendido verdades y dudas,
Certezas y acertijos:
Quererte, amor,
Es lo único que tiene sentido;
Te quiero con todas las preguntas 
Y con todos los motivos...

Te pienso en silencio
Y te deseo a gritos;
Estoy llena de versos y delirios,
Autosustentables,
Perdurables en el tiempo,
De la urgencia que vuelve al pecho
Con tus fugaces regresos;
Llena de los besos que no puedo darte,
De la rabia de amarte 
Y tocarme sin tus dedos.
¡Te quiero mío! ‎

Podría decirte amor
Hasta que el tiempo acabe
El licor, los sonidos 
El rock y los gemidos;
Soy sed insaciable.
Sé que no estás conmigo
Más recuerda, amor, 
Pase lo que pase, 
Que te quiero hoy,
¡Te quiero más de lo que he escrito!

Feliz cumpleaños, amor mío.

Pídeme lo que quieras

Cómo quisiera escucharte esta noche...
Entre otras cosas.
Si tu supieras
Que lo que empieza en tu boca
De morbo y derroche
Termina entre mis piernas...
Y me coge

Estoy hambrienta
De darte tanto,
De hacerte daño 
Como una bestia
La noche entera
Que me sometas
Del placer al dolor
Y viceversa.
Devorarte,
Con sudor
Con dientes
Con lengua
Con sangre:
Pídeme lo que quieras

Hombre, noctámbulo,
Embísteme como fiera,
Hazme pedazos
Sin preámbulos,
Vuélveme loca:
¡Háblame de la última gota!
¡Derrámate en todos lados
Y devuélvelo a mi boca!

Pídeme lo que quieras



A solas

No quiero dormirme sin un beso,
Sin el olor y el tacto del aliento.
Quiero acostarme con ojos secos, 
y ecos caricias del silencio...
No quiero dormirme sin un beso
Ni argumentos para decir te quiero.

Quiero llenarte de besos

Quiero llenarte de besos
De versos y lugares comunes 
Como ojos cerrados y cielos azules.
Quiero llenarte de besos
Hasta borrarte mi ausencia
Y dejarte las huellas de mi lengua; 
Mi lengua llena de sed que calmas, 
De la palabra que no calla 
Cuánto te pienso.

Quiero llenarte de besos
Hasta morderte por dentro,
Lamer todos tus bordes,
Hacer en mis piernas tu secuestro
De gemidos y vapores;
Sembrarte en cada grieta de mi cuerpo.

Quiero llenar de besos todos tus rincones 
Sentimientos y pasiones,
Colmarte de deseos,
Decirte irresponsablemente
Que te quiero apenas me toques;
Retarte a una noche en vela,
Devorarte con la fuerza de mi boca;
Llenarme de ti gota a gota
Y hundirme en ti hasta que duela...
Fundirnos, amor, hasta corrernos por las venas.  

Cosquillitas


Hijito mío,
Ahora cuando por fin me has regalado los besitos de tus labios, me derrito en tu carita de algodón y las caricias de tus manos. Yo te camino como hormiguita con los dedos paso a paso y ¡cosquillitas, cosquillitas! me pides cuando cantamos. Si tu supieras, hijito, la gran dicha que yo hallo en tu diminuta nariz; te miro y soy feliz recordando tus ojos inmensos la primera vez que te vi con tu boquita haciendo como un pescado. De más me conmoví y te cargaron otros brazos porque mamá estaba llorando. ¡Cosquillitas, cosquillitas! me pides cuando he llegado y empieza la fiesta que oye el vecindario. Es mamá enamorada gritando "estoy loquita por ti", para que entiendas mi arrebato. Sé que sabes al fin que te amo, cuando en la locura de mi abrazo te pones tan feliz que no sabes qué decir y gritas ¡mami, feliz cumpleaños!

Matar la esperanza

Matar la esperanza a rocas, 
Con puñales,
Con cualquier cosa.
Matarle,
No dormirle:
Abolirle
Y dejar de escribirte.
Acaso recordarte
Como a los cobardes:
Disparaste,
Huíste,
Fallaste.

Huir de sonidos,
No pensarte,
Saberte vivo
E ignorarte.
Olvidar que te quise,
Que estoy a tu alcance;
Matar la esperanza de tu regreso
¡Qué triste no esperarte!
Barrer todo tu imperio
Tu encanto y tu arte;
Todo esto que pude darte
Y no quise confesarte:
Tus llamas en mi fuego
 Y el verbo interminable.
Hoy abandono los besos
Que jamás podré darte...
Deseos a rabiar insaciables.

Saberte lejos ahora,
Dejar de ser tonta
Y sacarte de mí.
No llorarte, amor,
Porque nunca me llamaste así 
A pesar de tus te quieros
En el año que te di.
Qué desilusión
Borrar la esperanza
De todo cuanto sentí.

Matar la esperanza en defensa propia;
Cayó otra noche hallándome sola,
No queda nada para perpetuarte,
No iré por ti ni vendrás a buscarme‎
Y aunque pudimos ser grandes,
Claudicaste.
Hoy abandono los besos
Que jamás podré darte...
Deseos a rabiar insaciables.

‎Descartar lo posible,
No soñar un mañana,
No redimirte.
Despedirme,
Irme ‎como dejé de creerte:
Inevitablemente.
Matar la esperanza
Abruptamente.
No fui suficiente.
Aun queriendo sacudirte
Y pedirte razones,
Matar la esperanza 
Y los sinsabores.
Sobrevivirte
Y algún día sonreírte
Aunque nunca te perdone.



No eres poema

"Te quiero porque tus manos trabajan por la justicia" Mario Benedetti.










Tú y yo,‎
El encuentro más  afortunado:
Hallarnos, seguirnos, quedarnos. 
Rayo partiendo soledades en dos
Y quedamos contra el tiempo
Tú y yo,
Exaltados de la dicha al reto
Y sin rencor.

Llevo tu credo y tu voz presentes,
Aliados en lo circunstancial y lo trascendente...
Tú, tan grande que me alejo para verte:
Tú, adelante con mi sed de justicia, 
Terriblemente valiente,
Estandarte de vida plena y digna.

De la sabiduría a la locura,
Tú, la paz y tú, la lucha. 
Colmado de pasiones,
De causas justas;
¡Eres tanto!
Arrebato de risa y llanto,
Lealtad y convicciones. 

¡Tú, mi indomable caballo desbocado,
Me has encargado tu muerte 
Y te amo como al más libre de los héroes!

Larga vida a mi gran amigo... 
No eres poema: eres himno.

Es inútil


Es inútil,
La palabra jamás alcanzará a la música...
Desde la intimidad acústica 
A la euforia de un concierto,
El descenso a las profundidades 
Y el clímax del ascenso,
Los desiertos y los mares:
El amor de los inmortales
Está sólo en la nota sostenida
Y en toda la vida de su cuerpo
Estremecido, vivo o muerto,
Conmovido por el tacto del recuerdo
Y el olvido derrotado por un verso.
La música es soñar despierto
Y escoger el sueño. 

Latido a latido, percusión del tiempo,
No existe hasta que rompe el silencio
Tu adiós, eterno solo del blues más lento,
Estridencia del grito sangrando te quieros
Hasta la paz del suspiro enmudeciendo:
Saberte vivo y verte de lejos...

Es inútil evadir tu rostro
Si la música habla de nosotros.
Y si no te basta oírle
Del dolor al gozo,
¿Qué más puedo decirte
Que no te hayan dicho otros?

El consuelo de María no es un poema

En el mes de diciembre de 1999, las fuertes lluvias provocaron la llamada Tragedia de Vargas, acabando con poblados enteros, dejando miles de muertos e incontables damnificados llegando al libro Guinness por el mayor número de víctimas en un alud de barro. Un grupo de sobrevivientes fue trasladado al Parque Recreacional Sur en Valencia. Las imágenes eran desgarradoras y se activó todo un movimiento para recoger donaciones, atender y alimentar a los sobrevivientes. Con 17 años, no era mucho lo que yo podía donar materialmente pero no dejé de llevar lo que pude y pedí a mi familia la ropa que ya no usaran para llevarla. Cuando llegué, apenas se estaba empezando a organizar el refugio y no había ni donde cocinar los alimentos donados. Le pedí a mi mamá que donara su vieja cocina, ya que la había logrado reemplazar meses antes. Recuerdo ver en su rostro lo difícil que se le hacía desprenderse de algo así; no sabía ni qué decirme pero le dio vergüenza negarse cuando le insistía que ellos la necesitaban más que nosotros. El alcalde Paco Cabrera enseguida se encargó del traslado y así como yo,  muchos valencianos ayudaron ardua y desinteresadamente.

Aunque yo era menor de edad, tener carnet de la Universidad de Carabobo les inspiró confianza y me pusieron a cargo de un grupo de niños. Estaban tan desanimados que no daban trabajo en realidad y costaba distraerlos en medio de aquél ambiente. Fue entonces cuando el alcalde hizo arreglos para que los lleváramos antes de Navidad todo un día al parque Dunas. Yo era responsable de 5 niños que parecían haber olvidado por un momento lo que estaban viviendo, con excepción de María, la niña menor. No mostró mayor interés y buscaba mucho cuidado pero cuando llegamos a una piscina donde podían navegar remando botecitos, se mezclaron la emoción y el miedo, naturalmente, sabiendo que el agua les había causado tanto daño. Quería subirse, pero conmigo; me insistía indecisa casi temblando. No la podía complacer así que se quedó conmigo algo triste. Le dije tantas cosas para convencerla, pero sólo aceptó cuando me agaché y le dije tomándola por los brazos algo así como: Yo sé que puedes divertirte en el botecito solita, pero si me necesitas me llamas y te voy a buscar aunque sea nadando....no te voy a quitar los ojos de encima, María, mira qué grandes los tengo (abriéndolos exageradamente hasta hacerla reír). Sus saludos a lo lejos sonriendo no se compararían con el fuerte abrazo que me dio cuando yo misma la saqué de la piscina al terminar el paseo. No sé si fue mi juventud, pero creo que fue muy hermoso en muchos sentidos... Sentí que la ayudé a trascender por sí misma el dolor. Horas más tarde la entregaba a su madre en silla de ruedas y nos despedimos con un hasta mañana sin saber que no nos volveríamos a ver.

Jamás hubiera imaginado que la noche siguiente, cuando no pude asistir, dos refugiados violarían a dos voluntarias durante la guardia nocturna.  Fue algo muy difícil de asimilar y sobra decir que nunca más volví por seguridad y por indignación. Me dije por mucho tiempo que no todo fue en vano pensando en María. Después de todo, fueron dos adultos delincuentes quienes no valoraron lo que hacíamos por ellos y por sus hijos.  Del mismo evento que aprecié la solidaridad y la unión, tuve que aprender también que ni la pobreza ni la tragedia son sinónimos necesarios de bondad y hasta comprendí a quienes me parecieron indolentes por decir que los refugiados iban a hacer de Valencia un lugar tan inseguro como Caracas. Pero los niños parecían intactos de todo aquello y eso era 
lo rescatable.

Ahora, a dos meses del asesinato a golpes de una adolescente embarazada por sus compañeras de clase, y a tantos años de la 
Tragedia de Vargas, el domingo 19 de Marzo unos doce niños entre 6 y 10 añitos han asesinado a puñaladas a dos hombres en Caracas... y el consuelo de María se me hace inútil. He educado a cientos de niños y se me hace insoportable la idea de que ahora no sólo vivimos el riesgo de morir a manos de hombres sino también a manos de niños... No alcanzo a describir este horror ni tengo moraleja para esta fuerte sospecha de que ya es demasiado tarde para hablar de un futuro rescatable en este país; apenas me pregunto si volveré a encontrar Marías en medio de las calamidades y lo que es peor, me pregunto si quieren ser encontradas.



Broken

Algo se rompió...
Acaso mi reflejo en tu espejo,
Testigo atento de tus ojos
Que tan pocos advirtieron,
Verdad dulce de tu voz;
Lo que un día nos unió,
Si no ha muerto, se rompió.

Qué breve el perdón...
No sé lo que es,
Pero algo cambió;
Te veo nublado 
Cual rostro extraño 
Sin manos ni pies,
Y oigo lejano
El verbo espontáneo de ayer: 
No somos uno ni dos ni tres.

Sin musa delirante
Ni prosa relevante
Tu tiempo terminó,
Mutando en su paso 
El fervor y el encanto
En buena educación.
Qué frágil el amor
O como quieras llamarlo, 
Pero algo se rompió...
Quizá sólo fui yo
Al debut de tus disparos,
Presa del horror.

Adiós.