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La Marea

La inscripción lapidaria, aquel epitafio promesa envejece en las grietas de mis piedras: “El poema eres tú” fue acaso mi última certeza.  Se...

Gajes del oficio

Te imagino con la calma
inquebrantable
con que miro la montaña
al final del paisaje...

"Te mando señales de humo como fiel apache",
te despido en el olvido nocturno
y en todo futuro te respiro como antes
con nuestros frutos, 
nuestra tierra de nadie, 
nuestras libertades 
y lunas menguantes.

Deliro con la ebriedad del amante
que más temprano que tarde 
advierte el paso errante del exilio. 
Te bebo sorbo a sorbo;
te destilo,
te deseo con la carne.
Te muerdo hasta sangrarte
y sin pudor, te transpiro.

Te fumo como a un vicio,
te escribo la verdad inpronunciable,
te conjugo en mi cama, 
en todos los arrabales,
en las iglesias sin ritos:
te prendo velas y te maldigo.

Que se escriba en los libros 
nuestro ardor y nuestro hastío;
las complejas bondades de este libre albedrío.
¡Que suene en las ciudades tu himno!
Que se proclame patrimonio protegido 
tu arte y tu colección de mis partes.
Que se estudie en laboratorios y universidades 
lo soberanamente jodido 
que es amarte esperándote aunque te llames mío.

Pasen todos, bienvenidos al único circo 
que se escribe con sangre, cariño,‎ 
orgasmos y cinismo.









Irreverencia

A esa poesía inaccessible, impenetrable
indirecta, indescifrable,
de eruditos intocables
con diccionarios delirantes
que ocultan historias y presumen imágenes,
que decoran la jaula del animal salvaje,
que desprecia el arrebato de las putas en los bares 
por pulcras estatuas de galerías de arte;
a esa poesía elitista de guantes de seda 
que no sabe masturbarse...
a esa poesía que tantos aplauden:
que le teme a la exposición y a ser vulnerable,
¡yo le llamo engreída, frígida y cobarde!




El llamado de los peces


















Hoy vi tu rostro de ojos cerrados en una pecera de cristal;
El mismo rostro de ojos cerrados que cantaban quería llorar.
Sentí terror de lo que miras en la oscuridad,
De las palabras que aún no sabes pronunciar,
De los oídos que no te oyen gritar.
Sentí el dolor de tu ternura, de tu posible soledad;
La brevedad del abrazo que no quieres terminar.
¡Quiero llevarte al mar a mirar los peces en libertad!
Hoy te quise mía y me quise tu guardián;
Prohibirle al mundo que se llore a tu edad.
Oye el llamado de los peces:
En libertad también se puede amar.


Desprenderte de mí

Desprenderte de mí cada mañana a pedazos,
cada silencio, cada rechazo,
cada resentimiento y rincón lacerado;
tu cuerpo, tu látigo.
Desprenderte de mí en recuerdos desechados,
contar las lágrimas y ver que van restando.
Desprenderte a pesar de mí, 
al creer que me estoy mutilando mientras sano;
desprenderte de mí paso a paso
aunque quede desmembrado.

Retirar tus ecos lejanos 
de mis canciones tristes.
Aceptar que te fuiste 
aunque te siga pensando,
suturar heridas que abriste 
aunque sangren mis manos.

¿Puedes acaso concebir el acto de desprenderte de mí?
Desgarrarme esta carne que nadie más ha tocado,
coserme los labios para no seguirte nombrando;
estos labios que más nadie ha besado,
arrancarme el corazón para no seguirte amando,
¡deshollarme estos ojos que te están llorando!
temblando mis manos buscando lo que queda de mí,
descubrir que estoy respirando 
y sobrevivir.

Seguir respirando
es lo único que hago
para no morir en vano
desprendiéndote así...
Mas tu dolor era mío
y por eso‎ me desgarro 
mientras te mato en mí.



Proclama

Yo quiero ser tu resaca y tu ebriedad;
tu exceso y tu necesidad.
Quiero ser la marca que queda en tu cuerpo 
después de tanto arañar;
el beso sincero y tu modo predilecto  de pecar.

Quiero ser tu secreto y quiero ser tu verdad;
lo que admites en silencio 
y lo que quieras proclamar. 
Quiero ser tu fuerza y tu debilidad; 
pasión vulnerable o implacable como el mar.

Quiero ser el respiro de tu tiempo,
tu locura, tu argumento;
el beneficio de tu duda
y lo que das por hecho...
La fe de errata de tu escrito,
tu sarcasmo más cínico, 
el aplauso de los críticos:
Yo quiero ser tu premio.
Y sí, quererlo todo 
porque todo lo puedo,
porque así yo vivo,
porque así te quiero...

¡Quiero defenderte en cada guerra 
aunque yo no tenga paz!
Y puedo herirte y te voy a salvar.
Yo quiero, amor, darte lealtad en libertad.

Quiero habitarte
en lo trivial y lo trascendente:
que llegues a casa y quieras verme
y que por mí le tengas miedo a la muerte.
Quiero tatuarte‎,
pertenecerte,
que me mires frente a frente;
desafiarte hasta que no puedas evitar quererme.

Quiero defenderte en cada guerra 
aunque yo no tenga paz:
yo quiero, amor, darte lealtad en libertad
Una noche y nada más.




















Duelo soberbio

Lejos, inalcanzable,
Presente, intocable,
Ajeno y desconocido, 
Apenas recordado de otra parte,
Cobarde, frío,
Incoherente, resentido:
Un desastre.

Así veo tu propio derrumbe,
Tu coraje sin sentido
En un tiempo ya vencido,
Esperando el día que pases inadvertido
Sin ritos de duelo soberbio,
Ni el silencio que mata todo
Lo que entierran tus gritos
En tu solemnidad de cementerio.

‎Aunque hoy es 24 de enero,
Eres una tumba lúgubre, 
Cada domingo sin visitas
Ni flores en tus restos.
Así veo tu paso fúnebre,
Igual que a mis muertos:
Quizá te llore toda la vida,
Pero cada vez menos.



Déjalo ahí tirado no más

Déjalo ahí tirado sin mirar atrás
en la basura donde debe estar;
una lágrima más, qué mas da.
Aunque te vayas o te quedes,
poco a poco lo arrastrará el mar.
Déjalo ahí ahogado en la verdad;
después de todo,
es tu mejor forma de matar.
Aunque hables o te calles,
sólo queda la ebriedad
de cuanto sabes pudo ser y no será.
Más te debo alertar:
Cuando lo dejes ahí tirado sin mirar atrás,
en la basura donde debe estar,
con una lágrima más,
arrastrado por el mar,
ahogado en la verdad
con que te encanta matar,
y cuando sólo quede la ebriedad
de cuanto sabes pudo ser y no será,
asegúrate de no quererme más;
muy a tu pesar
ya nunca me tendrás, 
te pudrirás en las cenizas que ya no te quemarán.

Pensándolo mejor, hazme ese favor:
suelta mi amor y déjalo ahí tirado no más.



Remitentes

¿Y si nos escribimos tú y yo,
sólo para descansar de los destinatarios ciegos?
¿Y si nos leemos tú y yo, 
sólo para revivir las lenguas muertas?
¿Si nos recitamos a cuestas del te amo que no llega ‎
para vivir en nuestros versos?
Y si tú me besas y yo te beso,
¿cómo se llamaría el poema?

Y si yo te quiero y tú me anhelas,
¿de qué tamaño sería la espera?
Sin respuestas a la mano
ni promesas en vano,
¿y si antes de llorarnos 
nos escribimos a diario
un amor que nos merezca?‎


Cápsula de tiempo

Tengo una cápsula del tiempo
donde te confirmo y te contemplo 
al reírte, al moverte y mirarme por accidente.
Con todos tus respiros justifico
mi manía de pensarte, de esperarte, y de quererte. 

Me transformo, 
me conformo en tus sonidos
hasta que pueda volver a verte;
me trastorno, me cuestiono
sin retorno por pertenecerte.
Más siempre que en tu cápsula me conserves,
yo te perdono el tiempo ausente.

Por suerte, ‎
tengo una cápsula de tiempo que reviento cada año,
que es el tamaño de un día sin verte...
Afortunadamente,
vuelves siempre 
y justo ahí, sólo tú
me calientas y me llueves.


Era de noche


Era de noche y se quedó dormido
sin saber dónde estaba el poema.
Tenía un faro de luna llena encendido  
despertando a quien había escrito
el territorio entre el amor y la pena.

Era una noche de párpados pesados,
de incertidumbre y certeza
con los brazos amarrados
a los recuerdos que besan.

Noche de náufragos y parejas
o de pájaros y hienas,
de esas que se olvidan 
mientras otras se aferran
a sonrisas pasajeras 
o se resignan a confesiones honestas. 
Noche de encender la hoguera, 
de exorcizar la tristeza 
o hacer un pacto con ella.

Era una noche de ecos lejanos,
de tambores paganos 
y de música celta,
según la sangre lo sienta;
de perros callejeros y bohemios fumando,
de ritos profanos fuera de la puerta‎,
o de lazos sagrados cortados con tijeras.

Llena de tu musa nocturna,
del verbo de tu lengua,
dibujé pájaros de barro
y solté cadenas perpetuas.

Era una noche para quedarse en vela,
y escribir tus huellas de retorno hasta que vuelvas,
para que después de tanto soñarte,
al fin me encuentres despierta.

Qué noche tan larga, tan tuya y eterna...