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La Marea

La inscripción lapidaria, aquel epitafio promesa envejece en las grietas de mis piedras: “El poema eres tú” fue acaso mi última certeza.  Se...

El último poema













Crujen gemidos vencidos en las entrañas ciegas
Crujen sin testigos las grietas de la tierra
Una a una se quiebran las ramas secas
Huyen despavoridos los lobos y las hienas
Aullido agudo y niebla siniestra 
Anuncian la hora del sacrificio en la aldea
Cierran las puertas a la roja luna llena
Solo los cuervos acechan

‎Arde tu luz desafiando tinieblas 
Los manuscritos se incendian
Se calcinan las criaturas bajo tus huellas
Se baten a muerte el amor y la soberbia

Clavada la daga entre ceja y ceja
Te derramas por mis venas abiertas 
Se han ahogado ensangrentadas las letras...
Es la hora que no anuncian las campanas de la iglesia:
Es la hora de matarte en el último poema

He de enterrarte
Nadie te reza

Habla, alma en pena,
¿Cómo te pudro bajo las piedras?
Di, mala hierba,
¿Cuántas vidas te quedan?



Acecho en piano

Fito Páez 

Su piano arrulla, cobija y acecha
con dulzura insoportable 
que aviva y entierra.
Entre látigo y certeza,
sus notas tocan
la espera de una fecha.
Una tras otra
cuales gotas de lluvia en la boca
van del llanto a perfumar las rosas
y viceversa.

Estoy de vuelta sin dejar rastros
hasta el breve espacio de oírle tocando.
Su piano es el drama 
de besarle sin sus labios
y tocarle sin mis manos;
la verdad incuestionable 
de que sólo a él le canto.

Soy la tragedia irremediable 
de no poder escribir su sonido
y no tener testigos de cuánto le extraño...
Soy la conciencia de ser más pequeño
que el universo que le guardo,
oír a diario su risa presente
y el temor de serlo todo
y no ser suficiente.

Soy la insistencia de saberme
siempre de sus manos
al acecho de ese piano;
su piano de versos y disparos,
labio a labio,
panteón... y campanario.




Amnesia

Hoy no reconocí mis labios 
al tocarlos con un dedo
y me pregunté en silencio 
a qué saben los besos.
¿Qué miran aquellos que los ojos cierran?
¿Besarlo todo se puede?
¿A qué saben los que se besan?
¿Qué sangran los que se muerden?
¿Qué es lo que las lenguas gritan? 
¿Qué sienten los que se tocan?
¿A qué huelen los que se respiran
y cómo respiro sin todo eso?
Mas no importa;
realmente no recuerdo
a qué vida sabían mis besos
ni a qué muerte sabía el resto.


Preludio del olvido


No ansío nada que hayas tocado
Ni canción que hayas oído,
Tus caminos transitados
Ni en común los amigos;
Todo tú lo has profanado con hastío.

No quiero nada compartido 
Ni legados ni vestigios.
No más cenizas o faros encendidos
Ni destellos en mis ojos si te miro.
Adiós al brillo que irradiábamos,
Adiós a los disparos de tus labios
Y recuerdos en naufragio;
Todo tú lo has corrompido con agravio.

Es el preludio del olvido.
Es un presagio decidido;
Evadir las nostalgias
En silencios y sonidos,
Ansiar la indiferencia,
Borrar huellas y caminos,
Partir de la tierra donde nacimos
Y escribir en piedra que hoy emigro;
Advertir la paz cuando te has ido,
Amar la soledad de mi recinto,
Y despedirte en líneas que te escribo,
Pues todo tú lo has aspirado al abismo.

Desvaneces en la música de mis oídos,
Te diluyo en el tiempo y te bendigo
Sin luto ni lamento,
Sin apología del delito,
Reos ni litigios;
Si acaso somnoliento,
Como quien deja atrás un desierto casi infinito...
Hoy trasciendo,
En mi oasis respiro,
Y te dejo mi preludio del olvido.

El verso del amante

Un verso que apele a tus sentidos,
sugestivo, que degustes con la lengua;
tu audaz lengua que me besa 
y me nombra sin motivos...

Un verso al eco de tu voz distante;
el mejor de los sonidos
que me sigue a todas partes,
cual estruendo del tren
donde llegas a buscarme
más temprano que tarde...

Un verso que te palpe, amor, 
que sepa abrazarte,
que te muerda, que te sangre,
que te sane y que te marque;
en ese mismo orden
y en el mismo instante...

Un verso puro que te fumes
y perfume con su humo
tus domingos en la tarde.
Un verso con olor a vino 
y a libertades;
un verso que vuele y huela
a lo que huele el respiro 
de los buenos aires...

Un verso auto sustentable, 
un verso completo 
de ideas y de carne,
de intelecto y sentimiento;
de tu ciencia y mis humanidades...

Un verso sin memoria y sin culpables,
que brinde a tu salud
y no se canse de esperarte;
un verso de complicidad y lealtades,
un verso que te pague
con la misma mirada
en la que me atrapaste...

Un verso que te cante
todo el calor que me sembraste
y te calle la paz que me quitaste:

Un verso, amor, es lo único que puedo darte
hasta que vengas a colmarte y a saciarme;
a bastarme y sobrarme
antes de que vuelvas a marcharte.




Gajes del oficio

Te imagino con la calma
inquebrantable
con que miro la montaña
al final del paisaje...

"Te mando señales de humo como fiel apache",
te despido en el olvido nocturno
y en todo futuro te respiro como antes
con nuestros frutos, 
nuestra tierra de nadie, 
nuestras libertades 
y lunas menguantes.

Deliro con la ebriedad del amante
que más temprano que tarde 
advierte el paso errante del exilio. 
Te bebo sorbo a sorbo;
te destilo,
te deseo con la carne.
Te muerdo hasta sangrarte
y sin pudor, te transpiro.

Te fumo como a un vicio,
te escribo la verdad inpronunciable,
te conjugo en mi cama, 
en todos los arrabales,
en las iglesias sin ritos:
te prendo velas y te maldigo.

Que se escriba en los libros 
nuestro ardor y nuestro hastío;
las complejas bondades de este libre albedrío.
¡Que suene en las ciudades tu himno!
Que se proclame patrimonio protegido 
tu arte y tu colección de mis partes.
Que se estudie en laboratorios y universidades 
lo soberanamente jodido 
que es amarte esperándote aunque te llames mío.

Pasen todos, bienvenidos al único circo 
que se escribe con sangre, cariño,‎ 
orgasmos y cinismo.









Irreverencia

A esa poesía inaccessible, impenetrable
indirecta, indescifrable,
de eruditos intocables
con diccionarios delirantes
que ocultan historias y presumen imágenes,
que decoran la jaula del animal salvaje,
que desprecia el arrebato de las putas en los bares 
por pulcras estatuas de galerías de arte;
a esa poesía elitista de guantes de seda 
que no sabe masturbarse...
a esa poesía que tantos aplauden:
que le teme a la exposición y a ser vulnerable,
¡yo le llamo engreída, frígida y cobarde!




El llamado de los peces


















Hoy vi tu rostro de ojos cerrados en una pecera de cristal;
El mismo rostro de ojos cerrados que cantaban quería llorar.
Sentí terror de lo que miras en la oscuridad,
De las palabras que aún no sabes pronunciar,
De los oídos que no te oyen gritar.
Sentí el dolor de tu ternura, de tu posible soledad;
La brevedad del abrazo que no quieres terminar.
¡Quiero llevarte al mar a mirar los peces en libertad!
Hoy te quise mía y me quise tu guardián;
Prohibirle al mundo que se llore a tu edad.
Oye el llamado de los peces:
En libertad también se puede amar.


Desprenderte de mí

Desprenderte de mí cada mañana a pedazos,
cada silencio, cada rechazo,
cada resentimiento y rincón lacerado;
tu cuerpo, tu látigo.
Desprenderte de mí en recuerdos desechados,
contar las lágrimas y ver que van restando.
Desprenderte a pesar de mí, 
al creer que me estoy mutilando mientras sano;
desprenderte de mí paso a paso
aunque quede desmembrado.

Retirar tus ecos lejanos 
de mis canciones tristes.
Aceptar que te fuiste 
aunque te siga pensando,
suturar heridas que abriste 
aunque sangren mis manos.

¿Puedes acaso concebir el acto de desprenderte de mí?
Desgarrarme esta carne que nadie más ha tocado,
coserme los labios para no seguirte nombrando;
estos labios que más nadie ha besado,
arrancarme el corazón para no seguirte amando,
¡deshollarme estos ojos que te están llorando!
temblando mis manos buscando lo que queda de mí,
descubrir que estoy respirando 
y sobrevivir.

Seguir respirando
es lo único que hago
para no morir en vano
desprendiéndote así...
Mas tu dolor era mío
y por eso‎ me desgarro 
mientras te mato en mí.



Proclama

Yo quiero ser tu resaca y tu ebriedad;
tu exceso y tu necesidad.
Quiero ser la marca que queda en tu cuerpo 
después de tanto arañar;
el beso sincero y tu modo predilecto  de pecar.

Quiero ser tu secreto y quiero ser tu verdad;
lo que admites en silencio 
y lo que quieras proclamar. 
Quiero ser tu fuerza y tu debilidad; 
pasión vulnerable o implacable como el mar.

Quiero ser el respiro de tu tiempo,
tu locura, tu argumento;
el beneficio de tu duda
y lo que das por hecho...
La fe de errata de tu escrito,
tu sarcasmo más cínico, 
el aplauso de los críticos:
Yo quiero ser tu premio.
Y sí, quererlo todo 
porque todo lo puedo,
porque así yo vivo,
porque así te quiero...

¡Quiero defenderte en cada guerra 
aunque yo no tenga paz!
Y puedo herirte y te voy a salvar.
Yo quiero, amor, darte lealtad en libertad.

Quiero habitarte
en lo trivial y lo trascendente:
que llegues a casa y quieras verme
y que por mí le tengas miedo a la muerte.
Quiero tatuarte‎,
pertenecerte,
que me mires frente a frente;
desafiarte hasta que no puedas evitar quererme.

Quiero defenderte en cada guerra 
aunque yo no tenga paz:
yo quiero, amor, darte lealtad en libertad
Una noche y nada más.