Destacado

La Marea

La inscripción lapidaria, aquel epitafio promesa envejece en las grietas de mis piedras: “El poema eres tú” fue acaso mi última certeza.  Se...

Monstruos

¿Ahora qué hiciste, amor?
Dime que lo que construíste
sigue intacto entre tú y yo.
¿A dónde fuiste, amor?
Di que aún me guardas la verdad de tu voz.
¡Tu silencio es el sonido más macabro que me parte en dos!
Habla, maldición,
no me dividas entre el perdón y el adiós;
que sean mis monstruos creando el horror...
!Que no me mates vos!



Nota mental

No olvidemos en el presente
Que ausente fuiste primero
Ni que tuviste el cruel gesto 
De dejar tu cuerpo sin calor;
Nuestra canción en silencio
En tu boca sin voz
Y los disparos de tus labios 
Signando el adiós.

No olvidemos que hallaré amor,
Que inspiré beso, aplauso, obsesión 
Y en la guerra que callamos
Fuiste el gran perdedor:
Ni tú mismo te has amado
Como te había amado yo.

Los disparos de tus labios












Los disparos de tus labios 
detonaron el más largo adiós...
A ellos debo diez poemas de un dolor,
pólvora residual de mis besos escasos,
la lentitud de mis pasos 
y un conato de canción.

Los disparos de tus labios 
ocuparon mi piel y mi espacio 
sin lugar a nuevas cicatrices,
pues desde que te fuiste
cuando me cortan te sangro a vos. 

Los disparos de tus labios 
han penetrado mis sueños 
con el más viejo temor,
han entumecido mi cuerpo 
preso del terror
diluyendo ríos de recuerdo 
llanto y rencor.

Por los disparos de tu voz
nunca sabrás cuánto te pienso;
mi único disparo es el silencio
aunque nos mate a los dos.



Como un niño

Louis y Dylan: primer abrazo 22/3/2015

Eres el pasado  que ganó un lugar en mi presente;
prueba de perdón y olvido sin que acabe el cariño.
Te quiero con un amor que ya no duele,
mas hoy cuando te vas te lloro como un niño...

Con la risa más segura que he reído,
me diste música y ya todo está dicho.
¿Cómo se escriben tantos años y en qué libro?
Mi llanto en tu abrazo aquel día que maldigo,
mi mano en tus manos recorriendo caminos,
jugando en el patio mi hijo y tu hijo...

Después del amor yo nunca hice amigos
y fuimos territorio libre y protegido.
Mañana diré locuras que nadie habrá entendido;
reiré sola brevemente sabiendo que te has ido.
Te perderé poco a poco y sin testigos...

Dime ahora cómo te despido
si te llevas pedacitos de mí contigo,
si mi soledad se queda sin tu abrigo,
¡si no volveremos a ser los mismos!
y aunque te espere un mejor destino, 
te lloro, te lloro como un niño.




Concreto


Anoche me di permiso
para quererte como te quiero.
Y lo siento porque es preciso
si te conozco y reconozco
cual música en mis oídos
cuando breve y directo
me dices "te quiero en serio"
y me amenazas sin quererlo;
que no me atreva a perder el tiempo.

De pronto los incrédulos 
confiamos en secreto;
sin escribir promesas,
lo pronunciado nos hace ciertos.
Libres en un mundo y mar abierto,
escogemos nuestro espacio más estrecho:
El espacio donde te espero
y te encuentro,
donde me guardo y me entrego 
a ti, amor, porque también te quiero en serio 
aunque no hayas pisado mi suelo.

Cuánto se ha escrito justificando un sentimiento 
y hoy, limitada de tiempo y verbo,
te quiero sólo porque evitarlo no puedo,
y aun mejor, te respeto...
Te quiero, amor, a ratos 
con el pensamiento,
a risas y nostalgias,
verdades y deseos 
y todo esto que no alcanzan a decir mis versos.

Te quiero 
Te quiero 
Te quiero
Lo sabes como yo te creo
Te quiero
Te quiero
Te quiero
Y el próximo te quiero
te lo debo dar en la punta de un beso,
en el estruendo de mi abrazo,
el sobresalto de mi pecho,
en el encuentro de mis manos con tu pelo,
en esta piel que sólo tu mirada prende en fuego...
En todo esto que yo soy cuando te tengo,
en todo aquello que te doy y que seremos 
cuando podamos besarnos
y esté de más aclararnos
que nos queremos en serio.

El último poema













Crujen gemidos vencidos en las entrañas ciegas
Crujen sin testigos las grietas de la tierra
Una a una se quiebran las ramas secas
Huyen despavoridos los lobos y las hienas
Aullido agudo y niebla siniestra 
Anuncian la hora del sacrificio en la aldea
Cierran las puertas a la roja luna llena
Solo los cuervos acechan

‎Arde tu luz desafiando tinieblas 
Los manuscritos se incendian
Se calcinan las criaturas bajo tus huellas
Se baten a muerte el amor y la soberbia

Clavada la daga entre ceja y ceja
Te derramas por mis venas abiertas 
Se han ahogado ensangrentadas las letras...
Es la hora que no anuncian las campanas de la iglesia:
Es la hora de matarte en el último poema

He de enterrarte
Nadie te reza

Habla, alma en pena,
¿Cómo te pudro bajo las piedras?
Di, mala hierba,
¿Cuántas vidas te quedan?



Acecho en piano

Fito Páez 

Su piano arrulla, cobija y acecha
con dulzura insoportable 
que aviva y entierra.
Entre látigo y certeza,
sus notas tocan
la espera de una fecha.
Una tras otra
cuales gotas de lluvia en la boca
van del llanto a perfumar las rosas
y viceversa.

Estoy de vuelta sin dejar rastros
hasta el breve espacio de oírle tocando.
Su piano es el drama 
de besarle sin sus labios
y tocarle sin mis manos;
la verdad incuestionable 
de que sólo a él le canto.

Soy la tragedia irremediable 
de no poder escribir su sonido
y no tener testigos de cuánto le extraño...
Soy la conciencia de ser más pequeño
que el universo que le guardo,
oír a diario su risa presente
y el temor de serlo todo
y no ser suficiente.

Soy la insistencia de saberme
siempre de sus manos
al acecho de ese piano;
su piano de versos y disparos,
labio a labio,
panteón... y campanario.




Amnesia

Hoy no reconocí mis labios 
al tocarlos con un dedo
y me pregunté en silencio 
a qué saben los besos.
¿Qué miran aquellos que los ojos cierran?
¿Besarlo todo se puede?
¿A qué saben los que se besan?
¿Qué sangran los que se muerden?
¿Qué es lo que las lenguas gritan? 
¿Qué sienten los que se tocan?
¿A qué huelen los que se respiran
y cómo respiro sin todo eso?
Mas no importa;
realmente no recuerdo
a qué vida sabían mis besos
ni a qué muerte sabía el resto.


Preludio del olvido


No ansío nada que hayas tocado
Ni canción que hayas oído,
Tus caminos transitados
Ni en común los amigos;
Todo tú lo has profanado con hastío.

No quiero nada compartido 
Ni legados ni vestigios.
No más cenizas o faros encendidos
Ni destellos en mis ojos si te miro.
Adiós al brillo que irradiábamos,
Adiós a los disparos de tus labios
Y recuerdos en naufragio;
Todo tú lo has corrompido con agravio.

Es el preludio del olvido.
Es un presagio decidido;
Evadir las nostalgias
En silencios y sonidos,
Ansiar la indiferencia,
Borrar huellas y caminos,
Partir de la tierra donde nacimos
Y escribir en piedra que hoy emigro;
Advertir la paz cuando te has ido,
Amar la soledad de mi recinto,
Y despedirte en líneas que te escribo,
Pues todo tú lo has aspirado al abismo.

Desvaneces en la música de mis oídos,
Te diluyo en el tiempo y te bendigo
Sin luto ni lamento,
Sin apología del delito,
Reos ni litigios;
Si acaso somnoliento,
Como quien deja atrás un desierto casi infinito...
Hoy trasciendo,
En mi oasis respiro,
Y te dejo mi preludio del olvido.

El verso del amante

Un verso que apele a tus sentidos,
sugestivo, que degustes con la lengua;
tu audaz lengua que me besa 
y me nombra sin motivos...

Un verso al eco de tu voz distante;
el mejor de los sonidos
que me sigue a todas partes,
cual estruendo del tren
donde llegas a buscarme
más temprano que tarde...

Un verso que te palpe, amor, 
que sepa abrazarte,
que te muerda, que te sangre,
que te sane y que te marque;
en ese mismo orden
y en el mismo instante...

Un verso puro que te fumes
y perfume con su humo
tus domingos en la tarde.
Un verso con olor a vino 
y a libertades;
un verso que vuele y huela
a lo que huele el respiro 
de los buenos aires...

Un verso auto sustentable, 
un verso completo 
de ideas y de carne,
de intelecto y sentimiento;
de tu ciencia y mis humanidades...

Un verso sin memoria y sin culpables,
que brinde a tu salud
y no se canse de esperarte;
un verso de complicidad y lealtades,
un verso que te pague
con la misma mirada
en la que me atrapaste...

Un verso que te cante
todo el calor que me sembraste
y te calle la paz que me quitaste:

Un verso, amor, es lo único que puedo darte
hasta que vengas a colmarte y a saciarme;
a bastarme y sobrarme
antes de que vuelvas a marcharte.