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La Marea

La inscripción lapidaria, aquel epitafio promesa envejece en las grietas de mis piedras: “El poema eres tú” fue acaso mi última certeza.  Se...

Poetry

My home's wherever you are
My song's wherever you sound
Ache for you burning inside
Bewitched by your spell
High water or hell
Prints you all over my skin

Cobarde

"What am I gonna do with you?
I try to forget you but every time I see you...
Here we are again".

Como caricia accidental al rozarte, 
Suave, breve, detenida en un instante...
Así se sintió besarte:
Un error tan corto que no pudo lamentarse.
¡Abriste los ojos y estaban tan brillantes!
Tu ilusa sonrisa iluminaba todo el parque
Y yo ni te hablaba; yo estaba en Buenos Aires.

Como desde que murió mi perro no amo a animales

No pude sentirte sabiendo que vas a marcharte.
Llámame todas las veces que quieras cobarde.
Señálame con todos los dedos con que me tocaste
Pasando de seda a armadura impenetrable.

Qué dicha hubiera sido besarnos sin que nos viera nadie,

Sonreír como niños, esconder que me despeinaste,
Callar en los pasillos que fui tuya en todas partes,
Extrañarnos toda la noche y tenernos toda la tarde.
¡Vivir, vivir, vivir como siempre me gritaste!
Pero mis besos son de bienvenida y no vas a quedarte.

Hoy no quiero ser pasado de nadie

Ni atraparte en mi vorágine.
Vete antes de que sea tarde,
No me ames, no me ames.
No serás cicatriz en mi carne:
Llámame todas las veces que quieras cobarde.









Locos













-¿Poesía?- Él gritó.
-¿Cómo vas a traer un libro de poesía a esta rebelión?-
Le reprochó con desprecio el mismo autor que otrora le declamó.

-¿Qué se supone que deba traer?- Reclamó la mujer.

-¡El Anticristo de Nietzche o un himno anti-religión!
¡Lucha por la patria y olvídate de los sentimientos!-

-¡No luchas por amor al país: es por odio al gobierno!-

-¡Con sangre se pasa de la palabra a la acción y no me arrepiento! ¡Te vienes conmigo: tú me llevaste a esto!

Todos presenciaron el forcejeo de aquellos dos.
Él la arrastró por los brazos; ella no lo siguió. 
Todo había terminado entre los más grandes aliados
Y, sin embargo, nadie lloró.
Él fue el soldado que abandonó las letras;
Ella ya tuvo suficientes guerras 
Y a él también sobrevivió.

Carlos se fue gritando consignas contra la llamada revolución.
Eva enrolló un poema, se lo fumó y más nunca lo vio.
Ella abrió el libro y entró al manicomio del amor;
Él por odio se abrió el camino que va al panteón.
Valió la pena, segun ellos, triunfaron los dos.
Así cuenta el poema que en su epitafio de héroe escribió. 

Compañeros de prision

Clavó sus ojos en accidental belleza,
Apostó sus pocas monedas y se le acercó,
Se conformó con ojos apenas de herencia,
Con sombra, agua y galletas le hidrató.

Compartían la misma bandera que ninguno escogió;
Un mismo propósito los unió y los encarceló.
Quizá fue el sacrificio y la impaciencia
O por tantos ritos no decifró
Las raras piezas de la criatura en cuestión:
Un símbolo de atea,
Un libro de poemas
Y una estrella de rock:
Ajena combinación.

Aliviaron el dolor de sus piernas
Pero murió la conversación.
Ella escribía donde pudiera,
Él se perdía en una canción.
Compartieron una condena entera,
No se tocan ni se besan;
Ella en su nube, él en su tierra,
Pero en el sol de la frontera
Y en el frío de la prisión
Cada sorbo de agua compartida 
Les supo a amor, les supo a amor.
Un amor que sólo entendían ellos dos.

Simplemente

"Cuando vuelvas, volverán a la vida las palabras"
J.L. Perales


Viniste, amor, y por una noche fuimos lo posible.

Dividiste en dos lo palpable y lo sublime,
El sentimiento y la carne,
La risa y el debate,
Mi caos y mi orden,
Mi paz y mi desastre;
Simplemente, me encontraste.
Pareciera que guardaste
Todo lo que me escondiste
A cambio de tu parte:
Mi irreverencia susceptible,
Mis excesos y mi hambre.
Viniste, amor, y por una noche fuimos lo posible.
Leíste la historia sin saber que la escribes
Colmada de palabras impronunciables;
Una montaña rusa única, increíble,
Toda tuya, irrepetible.‎
Viniste, amor, y somos posibles:
Simplemente, existes.





In crescendo







Entre hormonas y alcohol en sangre
Me habitas y te contengo,
Entre el frío de mis huesos y el calor de mi pecho
Me abrazo a tus ausencias y te espero.
Ah, lo escribo y casi me detesto.
¿Dónde estás, agua de mis inviernos?
Me urge sembrarte en mi cuerpo.
Te guardo el ingenio de mi lengua, 
Entre mis piernas te aprieto,
Sólo a tus manos buscan mis pechos.
¡Ay de ti cuando mis dedos te toquen!
¡Ay de mí todo el día, toda la noche!
Ahogados en un riachuelo,
Revivir y prendernos en fuego.
Tállame en tu madera, 
Toma la curva de mis caderas
Tuya, a pedazos, íntegra, entera, 
Sedienta, tierna, violenta, ¡satisfecha!
Antes de que estés despierto voy a vaciarte completo
Cual prometido, abundante, espeso,
Merecido, torrencial, engullido y devuelto: ¡Obsceno!
¿Puedes sentir el movimiento?
¿Tú sabes cómo me muerdo cuando te pienso? 
¿Cómo me ardes por fuera y por dentro?
¿Sabes que voy a cobrarte todo, todo lo que me has hecho?
¿Sabes que voy a darte todo lo que no me han hecho? 
¿Que voy a devorarte como animal en celo
Y aunque seas bestia salvaje, no te tengo miedo?
Ven, te reto,
Vayamos a duelo:
Mátame‎ adentro,
Mar adentro,
Más adentro,
¡Adentro!
¡Adentro!



Presentimiento

Lo presentí un día...
Que nos desgarraríamos a versos,
Mas no sabía 
Si trasgrederías poemas buscando cuerpo.
Te ausentaste el día en que hablé de poesía 
Y te atreviste a declamar en tu regreso;
Te miento si te digo que te espero
Pero si vienes, ¡cómo te escribiría!
Yo te daría la estridencia de mi silencio,
Te habitaría de cerca y de lejos:
Yo te retaría por fuera y por dentro
En la muerte y la vida que leemos
Y tú, tú me querrías por un día 
Y yo te odiaría por nacer en otro tiempo.

Código de ética

Nunca un poeta me oirá decirle te quiero...
Los dedos que me escriban no tocarán mi deseo;
No trasgredo versos con un vulgar cuerpo.
Si acaso llegáramos a querernos,
Levantaremos escribiendo juntos mil templos
Que no profanaré con la tinta del sexo.

Descarto el amor de los poetas porque ya lo tuve
Y supe que mis pasos necesitan más tierra que nubes.
La poesía no es la única llama que me prende en fuego:
Yo soy más que un montón de versos sueltos.

Dos en el metro

Ella reposaba sin descanso a mi lado en el metro,
Lloraba de rabia con la nariz mojada y los ojos secos.
Yo imaginaba los versos agrios entre sus sesos,
El peso de sus cargas,
El dolor de sus huesos,
El hueco en la mirada
Que no hallaba consuelo.
Respirábamos el mismo aire sucio lleno de malas palabras.
Sólo yo escuchaba los sollozos que la muchedumbre ignoraba.
Rechazó mis intentos y se cubrió la cara a destiempo...
Nunca sabrá que lloramos dos en el metro.


Tu nombre













No sabes lo que se siente ver tu nombre
Escaso pero suficiente
Tan efímero y permanente 
¡Tan fugaz, tan indeleble!
Tu nombre me da de beber
Lo que más me causa sed.

Tu nombre es el signo de exclamación de mis letras...
Acaricio tu nombre por todo lo que anuncia en mi puerta;
Es el bálsamo de mi piel y le unto sin reservas.
Es el viento que me despeina y todo se lo lleva,
Tu nombre refresca en mis ojos los matices
Y aunque quiera, 
No dejo de escribirle. 

Tu nombre es la tinta de mis dedos y en mí te plasmo,
Lo respeto y lo atesoro como a un cuadro,
Lo contemplo como a un pájaro 
antes de irse volando...
Tu nombre es la segunda sonrisa y el segundo beso de mis labios,
Le da alas a mis viajes y a mis rumbos 
aunque no me pronuncies a diario...

Me ha dicho que existo en ti y estoy a un toque de tus manos
De sentirme absurdamente enamorado.
Ya ves, 
Tu nombre es tan peligroso, 
que lo callo.